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PEDRO FERRER MORENO
MEDALLA DE HONOR DEL CICCP 2023

En 1979, siendo el primer ICCP municipal, en el primer mandato de los Ayuntamientos democráticos, organizamos y modernizamos los Servicios Técnicos”

Granada ha tenido una gran mejora en sus infraestructuras, pero sigue insuficiente. “Su planificación urbanística debería hacerse conjunta y coordinadamente, con un nuevo Plan Comarcal de la Aglomeración Urbana de Granada, lo que actualmente apenas sucede”

La Escuela se ha adaptado muy bien a los nuevos retos que han venido con los importantes cambios. Es puntera en muchas líneas de investigación

Aunque he batallado mucho por el Colegio, siempre queda mucho por hacer, sobre todo en esta época tan dinámica y cambiante. Incluso uno de mis principales objetivos de muchos años, luchando por conseguir una estructura colegial provincial descentralizada, que acerque el Colegio a los colegiados, no lo he conseguido”

El ingeniero granadino Pedro Ferrer Moreno (Colg. 3973, Promoción de 1971 de la UPM), “toda una institución en Granada” y un “pilar fundamental” para el Colegio en la Demarcación de Andalucía, Ceuta y Melilla. La Medalla de Honor se otorga “por haber desarrollado actuaciones de incuestionable mérito y que suponen aportaciones notables al prestigio de la profesión con carácter público y notorio, habiendo prestado destacados servicios al colectivo”. El bagaje de Pedro Ferrer Moreno redunda en estos méritos, siendo “uno de los ingenieros que lucharon y consiguieron abrir la Escuela de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en Granada”, donde fue profesor asociado durante casi treinta años, desde su primer curso en 1988. A nivel colegial ha sido un referente, elegido Representante Provincial de Granada durante 26 años (1988-2014), logró abrir la oficina provincial en la capital granadina, Sede hoy de la Demarcación; ha sido consejero Nacional por Andalucía en el CICCP (2008-2016) y vocal de la Comisión de Urbanismo del CICCP (1991-1999). El tercer gran pilar de su desempeño profesional lo ha desarrollado en el Ayuntamiento de Granada, donde entró por oposición libre en 1979 y se jubiló casi cuarenta años después como responsable de Planeamiento Urbanístico. En su trabajo con empresas constructoras también pudo participar, entre otras muchas obras en Andalucía, en la Presa de la Laguna de las Yeguas (Granada), el Puente sobre el río Fardes (Jaén), o el acceso viario a Málaga por las Pedrizas.

¿Qué significa para usted la concesión del mayor reconocimiento nacional del Colegio? ¿Cómo vivió el momento en el que se lo comunicaron y en el que lo recibió?

La concesión de esta medalla significa un grandísimo honor, la mayor distinción que yo podía imaginar, máxime al ser, precisamente, una distinción de nuestro Colegio que refleja un cierto reconocimiento de mis propios compañeros. Me siento muy honrado y agradecido a todos los que han contribuido a que me la concedieran, pero con un cierto sentimiento de que se han sobrevalorado mis méritos colegiales y que hay otros muchos compañeros que se la merecen más que yo.
Me enteré cuando me llamaron desde el Colegio, estando de viaje en el AVE, y no pude imaginar que fuera el propio Presidente, para darme la noticia en persona. Me quedé muy impactado y emocionado, porque se había llevado con toda discreción y no me lo esperaba.
El acto de entrega de la medalla fue muy entrañable, acompañado de mi familia y con la satisfacción de recibir la medalla de nuestro actual Decano Juan Manuel Medina (Loje), antiguo y brillante alumno mío de la Escuela de Granada. Y además, con anterioridad al acto, tuve la oportunidad de conocer a los otros compañeros medallados, personas de una gran talla personal y profesional, con la satisfacción de que entre ellos se encontraba mi buen amigo de muchos años en Granada, Antonio Menéndez Ondina.

Granada, desde el Ayuntamiento, la Escuela y el Colegio, ha centrado la labor de toda una vida, con la Ingeniería como principal campo de acción, ¿Qué destacaría de ese bagaje?

He tenido la inmensa suerte de haber trabajado, precisamente, en esas tres instituciones: en el Ayuntamiento, en la Escuela y en el Colegio, que se complementan perfectamente.
En el Ayuntamiento de Granada he desarrollado la mayor parte de mi vida profesional, en una Administración muy cercana al ciudadano, en la que recibes directamente la satisfacción y el agradecimiento de las Instituciones locales y de los propios vecinos, ante las obras y actuaciones de Ingeniería, que son las que mejoran directamente su calidad de vida y modelan la ciudad. En su día, acerté de plano cuando opté por ser “cabeza de ratón, mejor que cola de león”
En la Escuela de ICCP de Granada, entré como Profesor Asociado, porque el azar me situó “en el lugar adecuado en el momento oportuno” cuando se creó la Escuela en el año 1988 y me llamaron, como a otros compañeros con cierta experiencia, para sacarla adelante. Lo de ser profesor (“asociado” en mi caso) es un trabajo vocacional, de lo más gratificante que se puede ejercer, siendo el trato con los alumnos algo excepcional.
Yo estoy en deuda con mi buen amigo Juan Carlos Hernández del Pozo, que fue el que me propuso para dar clase en la Escuela con él.
Y lo del trabajo para el Colegio, ha sido como una actividad de voluntariado social, como “trabajar para una ONG”, en este caso dirigida a ayudar a los compañeros ICCP de forma altruista, porque conviene recordar que los cargos electos del Colegio, no cobran ni sueldo ni dietas, sólo los gastos.
¿Qué destacaría?: La suerte de haber podido compatibilizar esas tres actividades, colaborando en el desarrollo de Granada; en el crecimiento y consolidación de la Escuela y en haber podido aglutinar en Granada, un Colegio participativo.

En su vida profesional y académica, ¿Cuáles considera que han sido sus mayores éxitos, fracasos y lecciones aprendidas?

Creo que mi mejor etapa en el Ayuntamiento de Granada fue al principio, en plena época de la “transición” en 1979, siendo el primer Ingeniero de Caminos municipal. En el primer mandato de los Ayuntamientos democráticos, organizamos y modernizamos los Servicios Técnicos Municipales trabajando en equipo, con verdadera ilusión, consiguiendo la implicación y colaboración, no sólo de funcionarios, técnicos y contratistas, sino también de los concejales del equipo de Gobierno y de los diferentes grupos políticos. Fue una época en la que todos remábamos en la misma dirección, bajo el mando de un magnífico alcalde, Antonio Jara, diferenciando claramente el trabajo técnico, muy respetado y valorado, del político.
Mi fracaso fue ver, impotente, como en los años posteriores, con el final de la concordia entre los grupos políticos, que pasaron a la confrontación, se politizaron los propios Servicios Técnicos, por la injerencia de los políticos en las decisiones técnicas y en los nombramientos discrecionales de los altos cargos técnicos. Como me dijo Leopoldo Calvo Sotelo en su visita a la Escuela de Granada, en los casos de libre designación debería elegirse “al más leal de los capaces y no al más capaz de los leales”. Muy pocos le han hecho caso.
En mi actividad académica, también considero un gran éxito mi participación en la puesta en marcha (que no en su creación), de la Escuela de Caminos de Granada en 1988, gracias a la entusiasta colaboración de los compañeros más cualificados y expertos de Granada, tanto de la Administración como de la Contrata, que se volcaron con la Escuela como Profesores Asociados, dedicándole ¡mucho esfuerzo y trabajo! casi desinteresadamente. Y al ser entonces el Representante Provincial del Colegio en Granda y Profesor Asociado, tuve un cierto papel destacado en la interlocución de la Escuela y el Rectorado con el Colegio, habiendo sido también uno de los miembros del Claustro de la Universidad de Granada, elegido en representación de la Escuela, durante los ocho primeros años. Hoy, una placa en la Sala de Profesores de la Escuela, agradece ese esfuerzo a los Profesores Asociados iniciales.
Aquí no puedo reseñar ningún fracaso, porque el desarrollo de la Escuela de Granada ha sido muy exitoso. Pero puestos a no evadir la respuesta, podría decir que, por los cambios socioeconómicos y los debidos al Plan de Bolonia los alumnos que ingresan hoy en la Escuela, no son tan brillantes como lo fueron los de las primeras promociones, con las notas de corte más altas de la Universidad. Como me dijo un alto directivo de la Universidad: “Los propios alumnos de la Escuela de Caminos de Granada, son uno de sus principales activos”. ¡Eran otros tiempos!
En cuanto a las “lecciones aprendidas”, tras una larga vida profesional son muchas, pero yo destacaría algunas que, por otra parte, son universales: “Escuchar y respetar a todos; saber delegar; apreciar las iniciativas de otros; negociar hasta llegar a acuerdos, sin imposiciones y rodearse de colaboradores competentes y buenas personas”.

¿Cuáles son los cambios más significativos que ha observado en la profesión en ese tiempo?

Yo creo que desde el año 71 (mi promoción) hasta hoy, hemos vivido una verdadera revolución, tanto en la técnica de Ingeniería Civil; en el ejercicio de la profesión; en la Docencia; así como en la organización y tecnificación de las Empresas Constructoras, de las más potentes del mundo.
En lo que respecta a la parte técnica, pasamos de la Regla de Cálculo a las Calculadoras y al Ordenador, luego a Internet, al móvil y a la Inteligencia artificial.
En la docencia, pasamos de una Escuela jerarquizada, donde el director y los catedráticos mandaban y donde la Escuela era lo importante, a una Universidad donde se han diluido los “Centros”, potenciando los “Departamentos”, cuyos intereses no siempre coinciden con los del centro en el que imparten docencia. Y posteriormente, el Plan Bolonia ha supuesto otra revolución, muy discutible.
Y en las obras de Ingeniería, el avance de su técnica ha sido espectacular, pasando de los riegos asfálticos a las grandes autovías, con sus viaductos y túneles; el AVE, los Metros, las Tuneladoras y … los puentes atirantados. (El que este tipo de puente sea el que figura en el dorso de los billetes de 500€ es todo un símbolo).
En cuanto a la profesión, el campo de nuestras competencias, que antiguamente se limitaba realmente a las Obras Públicas, hoy se ha expandido al Medio Ambiente; el Urbanismo; la Energía; la Gestión de Infraestructuras; los Servicios Urbanos; la Logística, etc.

Uno de los hitos de esa carrera, en el ámbito académico, fue su papel en los primeros años de la Escuela de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en la Universidad de Granada. ¿Han cambiado mucho los retos que debe afrontar hoy la ETSI en comparación con aquellos primeros años?

Yo sólo fui uno de los profesores “asociados”, que ejercí la docencia desde el primer año de la creación de la Escuela. No intervine en la creación de la Escuela de Caminos de Granada, siendo otros sus impulsores, entre los que destaca Juan José López Martos.
La Escuela se ha adaptado muy bien a los nuevos retos que han venido con los importantes cambios a los que me he referido anteriormente. Es puntera en muchas líneas de investigación, entre otras cosas debido a la dotación de sus laboratorios, a la incorporación a sus grupos de investigación de muchos investigadores muy competentes, algunos antiguos alumnos de la propia Escuela y a sus convenios con otras Universidades.
Sus profesores y directivos son profesionales y eficaces y Granada tuvo a la primera mujer directora de una Escuela de Caminos, una de sus antiguas alumnas más brillantes y hoy catedrática, Montserrat Zamorano.

¿Cree que se ha perdido ese vínculo natural entre la Escuela y el Colegio que los ingenieros de su época sí tenían asimilado? ¿A qué cree que se debe y cómo podría restablecerse?

En mi época sólo existía la Escuela de Madrid, el ejercicio profesional no tenía muchos problemas y la colegiación era algo asimilado como muy natural, que todos formalizábamos al terminar la carrera.
La creación de las nuevas Escuelas y la complicación de las condiciones laborales por las diversas crisis, empezaron a convulsionar el Colegio que, aunque desde entonces ha ido evolucionando adaptándose a las nuevas circunstancias, ha tenido que hacer frente a condiciones muy heterogéneas de los colegiados, lo que ha hecho que unos se sintieran más identificados con el Colegio que otros, en función de las ventajas que le suponía la colegiación.
Restablecer ese vínculo, es un asunto muy complejo, pero creo que pasa por tener en cuenta las distintas sensibilidades estableciendo algunas diferencias en las condiciones y cuotas de colegiación de cada grupo.
Por ejemplo, tienen distintos intereses los que visan proyectos, los que trabajan en obras y necesitan los seguros, los funcionarios según tengan responsabilidad o no en las obras, los profesores de la Universidad, los que ejercen en otros campos ajenos a nuestras competencias, como los que se han hecho Maestros.

¿Qué le motivó a implicarse en la gestión y representación colegial?

Pues un espíritu de servicio y solidaridad con mis compañeros, ya que, como he dicho antes, siempre consideré mi trabajo en el Colegio, similar al de una ONG.
Y aunque hasta el año 1988 no me presenté a las elecciones a Representante Provincial de Granada, el que me implicó en los asuntos colegiales fue Luis López Peláez, primer Decano de la recién creada Demarcación de Andalucía Oriental con sede en Málaga, allá por el año 1975, que me incluyó como vocal en su primera Junta Rectora, cuando yo estaba trabajando en Málaga. Posteriormente, cuando volví a Granada, me encontré con un Colegio muy activo, cuyos Representantes principales fueron Manolo Prieto Moreno primero y Delfín Velasco después, que ya aglutinaban a los compañeros con las reuniones colegiales periódicas a comer, que luego se consolidarían en mi etapa, celebrándolas todos los primeros viernes de mes, durante muchos años.

Ha destacado como un representante íntegro y batallador, ¿Cree que le ha quedado algo por hacer en este campo?

Aunque he “batallado” mucho por el Colegio, siempre queda mucho por hacer, sobre todo en esta época tan dinámica y cambiante. Incluso uno de mis principales objetivos de muchos años, luchando por conseguir una estructura colegial provincial descentralizada, que acerque el Colegio a los colegiados, no lo he conseguido, porque nunca he contado con el apoyo de los Decanos y sus Juntas Rectoras, ni con el de los diversos Presidentes y Juntas de Gobierno de la Sede que, salvo honrosas excepciones, siempre han recelado de cualquier descentralización en el Colegio.
La excepción fue la etapa como Decano de José María Aguilar, la mejor época del Colegio en Granada, en donde pudimos acometer la construcción de 18 viviendas unifamiliares de VPO para colegiados, en el Serrallo, en un modelo de gestión eficaz y transparente, sin un solo incidente ni protesta. También pudimos adquirir, en condiciones muy buenas, un solar muy bueno del Arzobispado, para la futura oficina del Colegio, que terminamos teniéndolo que vender por la crisis del año 2008.

Ha llevado casi un equilibrio homogéneo en años de intensa actividad entre su dedicación profesional en el Ayuntamiento de Granada, con su faceta de profesor en la ETSI y su papel activo como representante colegial, ¿Cómo se logra esta simbiosis? ¿Se retroalimentan estas áreas?

Organizándose bien, no era muy difícil compatibilizar las tres actividades, porque son complementarias. El trabajo en el Ayuntamiento que era mi actividad profesional, me ocupaba la jornada laboral normal, en horarios de mañana. En la Escuela de Ingenieros de Caminos de Granada, tenía una dedicación de unas pocas horas semanales en horario de tarde, ya que sólo aspiré a ser “profesor asociado” y explicar Urbanismo, temas a los que me dedicaba en mi trabajo municipal. El Colegio fue lo más complicado, al que tuve que dedicar mis horas libres, esta vez sin horarios, lo que fue posible gracias a mi familia, sin cuyo apoyo no habría podido dedicarle el tiempo necesario.

¿Cuáles considera que han sido las obras más destacadas en las que ha participado en términos de complejidad técnica e impacto social?

En un Ayuntamiento como el de Granada, no hay muchas obras de infraestructura de cierta complejidad técnica (que más bien corresponden a los grandes edificios de equipamientos, como el Palacio de Congresos) pero sí son de un gran impacto social que, como he dicho antes, es uno de los grandes alicientes que tiene trabajar en un Ayuntamiento.
Recuerdo los grandes planes de urbanización y pavimentación asfáltica en diversos barrios periféricos (Chana, Zaidín, Oeste) que se acometieron con la primera Corporación Democrática y que terminaron con las calles terrizas o insuficientemente urbanizadas y en los que las visitas a obra del Acalde suponían un baño de multitudes agradecidas (extensivo a los técnicos y contratistas).
También las reordenaciones de tráfico, (proyecté los primeros carriles BUS y primeras Zonas ORA de regulación de aparcamientos, así como inicié la centralización semafórica) que solían ser actuaciones muy agradecidas por los ciudadanos, aunque en alguna ocasión derivaron en protestas, que me hicieron pasar alguna noche en blanco, pensando la solución. Y no puedo olvidar la construcción del nuevo Ferial de Granada, en los años 80, en el que aparte de ser el Coordinador de sus obras, no sé por qué también me encomendaron ser el Gerente de la Feria, con un impacto social tremendo, lo que me supuso una serie de experiencias muy enriquecedoras, que muy poca gente ha podido tener.

¿Dónde tiene puestas hoy sus metas?

En vivir tranquilo, disfrutando de mi familia (con mis cuatro nietos) y departiendo con los amigos, en una ciudad maravillosa en la que tenemos Sierra Nevada y la Costa a tres cuartos de hora. Y además la próxima temporada, en primera división en Futbol y Baloncesto. (¿Alguna ciudad que me lo iguale?)
Sigo participando activamente en las reuniones y actos del Colegio y los Ingenieros “veteranos” tenemos un grupo que nos reunimos periódicamente. También participo en un grupo de opinión y debate; “Granada futuro”, que publicamos algún artículo periodístico y que está formado por diversos profesionales (abogados; economistas; arquitectos; ingenieros etc., entre ellos varios ICCP medallados) siendo presidido por nuestro compañero José Mª Aguilar.

 

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